Pero no es esa medida en la que nos vamos a centrar en esta entrega, sino
en la prevista en el artículo siguiente, el 17, titulado «Auditoría».
Desde la referida fecha ya ha empezado a correr el plazo de dos años
(en tanto que periodo máximo que terminará el 24 de junio
de 2002) para someter a una auditoría (interna, externa
) a
los sistemas de información e instalaciones de tratamiento de datos
personales. Interesante.
CAMBIOS RELEVANTES
La primera consideración sobre el plazo máximo bienal, aparece
al analizar el Artículo 8.3 (nivel básico), en el que se dice
que «El documento deberá mantenerse en todo momento actualizado
y deberá ser revisado siempre que se produzcan cambios relevantes
en el sistema de información o en la organización del mismo».
Según la RAE/XXI/1992, relevante se define como: «2- Importante,
significativo». Habida cuenta de que en líneas generales el
«Relevantómetro» suele estar roto o fuera de servicio
en la mayoría de entidades, no resulta baladí determinar con
la mayor precisión posible el momento más adecuado para realizar
la auditoría.
Si no atinamos, podría quedar obsoleto el Informe pre-cambio relevante,
con lo que no cumpliría o podría no cumplir ni con el fondo
ni con la forma del Reglamento en sus artículos 17.2 y 17.3, sobre
todo considerando que las posibles y recomendadas medidas correctoras adecuadas
que quedaran a disposición de la Agencia de Protección de
Datos no representarían la actualidad.
Otro aspecto digno de tenerse en cuenta es el alusivo a los «Planes
Sectoriales de oficio que realiza la Agencia de Protección de Datos
para comprobar el grado de adecuación de los ficheros de las Administraciones
Públicas y ficheros privados a las prescripciones de la legalidad
vigente sobre protección de datos de carácter personal»,
según la Memoria 1999 del organismo. Quizá se esté
iniciando la aplicación de una suerte o variedad de benchmarking. |
En
opinión de quien esto escribe, el tipo de auditoría que nos
ocupa es multidisciplinar, además de obligatoria, interna o externa,
pública (Administraciones Públicas) o privada, de alcance
total y con el objeto definido por la seguridad de ficheros automatizados
con datos personales.
Consecuentemente, el auditor podrá ser una persona o un equipo, esto
es, el auditor responsable del grupo de auditores, expertos técnicos
y su apoyo correspondiente. No entramos en la forma jurídica del
grupo, ni en las relaciones que unan a sus componentes, puesto que el abanico
de posibilidades dentro de la legalidad vigente es amplio.
Sí, sin embargo, es interesante considerar, en el marco de la libertad
de elección previsto en el Artículo 17.1 del Reglamento, el
grado de independencia del auditor a seleccionar: ¿externo?, ¿interno
externalizado?
Recordemos que la Unión Europea todavía
no se ha pronunciado al respecto de lo que tiene que pronunciarse. De alguna
manera, «Cabe entender que el cliente (el auditado), en cierto modo,
adquiere o alquila la reputación del auditor». Arruñada
dixit.
ALGUNAS IDEAS
La existencia de un Comité de Auditoría, además, puede
convertir «La auditoría en un mecanismo de supervisión».
Desde que el Reglamento apareció en el BOE/25-6-1999, han sucedido
muchas cosas, algunas tan significativas como el casi olvidado y temido
Efecto 2000, resuelto con éxito pero con una especie de morbo y desilusión.
Y hoy nos encontramos saboreando la temprana miel del panal feliz de la
«Nueva Economía» y la Web, entorno de jugosas promesas
en el que ya se han divulgado algunos casos sonados que han merecido la
atención de la Agencia. Más se verán, seguro.
Parece como si el cultivo de la desmemoria fuera el modelo de praxis vital
imperante, olvidándose en mi opinión el fundamento pragmático
de los sistemas expertos, y como se dice: quien no conoce la historia, vuelve
otra vez a vivirla, lo mismo pero años después.
Creo conocer lo que ha sucedido con la generación «baby boom»
(los que ahora tienen entre 35 y 45 años). Aquella explosión
demográfica española de la época del 600 (Seat, por
supuesto) en la que primero no había colegios, después no
había plazas universitarias, luego no había viviendas
Y así, todo ello ornamentado con periodos de vacas gordas y vacas
flacas.
Ahí queda lo dicho y algo más: que hubo una época con
exceso de oferta de empleo, resuelta de forma, diremos, pudorosamente inadecuada.
Aquella fue la época en la que se gestó el Efecto 2000. Actualmente
vivimos en otro tiempo en el que la escasez de profesionales en TIC ha provocado
que «en la política actual de fichajes» imperen «los
salarios desorbitados y los trasvases de equipos enteros de una empresa
a otra», o sea, taifas informáticas «golondrina».
Se dan casos curiosos, en los que quienes buscan empleo -a veces el primero-
seleccionan a la compañía que quieren que les contrate. Desde
luego, quien disponga de buenos profesionales en cualquier disciplina, especialmente
en seguridad de la información, tiene oro.
Y de este modo, entre peticiones de pactos entre sindicatos, empresarios
y políticos para la Ley Básica de Empleo y el previsto cambio
de la Ley de Extranjería, avanzamos todos por la autopista de la
«Nueva e-conomía», mientras continúan las prejubilaciones
y el electrocadiograma bursátil dibuja perfiles infernales.
Si metemos todo lo dicho en la máquina de las predicciones arriesgadas
y pedimos un vaticinio aplicado al mundo de las TIC, bien pudiera salir
algo así como: «¡Cuidado, si no se controla el cambio
pueden desaparecer las funcionales catedrales informáticas y ser
sustituidas por modestas chozas de aficionados!» Y no hay cosa más
peligrosa que los aficionados en el mundo de la aplicación de las
TIC a los negocios, en el de la seguridad informática (que ya es
vieja; no ha nacido hoy), y en el de control y auditoría. (Aclaro:
una cosa es ser un informático que debe adquirir experiencia, y otra
muy distinta un aficionado a la informática).
Como final de esta florido encadenamiento de reflexiones, pasadas por el
tamiz de la experiencia profesional de un modesto servidor, quizá
convenga volver al asunto inicial: la auditoría del Reglamento, que
viene en tiempos de cambio. Hay que hacerla, y hay que procurar hacerla
bien. Por muchas razones. |