Pero antes de seguir adelante, conviene saber de qué hablamos cuando
sale la palabra globalización. Bien, Arthur Andersen dixit: En
el ámbito..., proceso tendente a la supresión de límites
o fronteras existentes en unos... y otros, partiendo de una homogeneización
de normas y procedimientos, o Integración
a nivel mundial de los mercados... y de la economía en general.
(Resaltamos en negrita los descriptores esenciales).
Por supuesto, el vocablo globalización no está recogido en
el DRAE/1992; en realidad es una traducción del término inglés
globalization. Sinceramente, prefiero la horrenda palabra mundialización,
que no da la impresión de ser tan esférica.
De todas formas, sea como globalización, sea como mundialización,
el fenómeno avanza casi casi como un tsunami, y aunque existen grupos
activistas variopintos que ofrecen resistencia, tengo para mí que
la cosa es imparable por razones, digamos, taurinas: Lo que no puede
ser, no puede ser, y además es imposible, si es que esto puede
aducirse acerca de algo que los arquetípicos Greenspan (FED./USA)
y Duisenberg (BCE/UE) están acelerando con su fina acción
homogeneizadora de alto nivel.
De alguna manera se está tendiendo a una especie de protogobierno
mundial o globalización con fases alternas de progreso/avance y de
involución/retroceso, siempre con riesgo de colapso. La mejor explicación
de este barullo la encontramos en Ruiz Quintano, cuando indica en su versión
particular que No sabemos donde vamos, pero caminamos en vanguardia.
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El
auditor en ejercicio en el mundo de la auditoría general, es decir,
de la auditoría de la globalización, se convierte en un
equipo multidisciplinar, dirigido por un auditor jefe, generalista y capacitado
para entenderse con sus colaboradores, auditores o no, expertos en sus
respectivas y prolíficas especialidades.
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Otra explicación, quizá más erudita, puede ser
la siguiente: el cambio social que experimenta la globalización,
se desarrolla en función de tres vectores principales, con sus pesos
y sincronismo temporal lentamente cambiantes, a saber: la escala de valores,
que actúa sobre la distribución del poder, y este último
sobre el uso de la tecnología.
Asumiendo esta hipótesis, queda patente que el acelerado y creciente
uso de la tecnología, específicamente de las TIC, ha provocado
un desequilibrio generador de turbulencias, ya que los valores que orientan
la distribución del poder en la actualidad no son los adecuados.
En algunos sitios se piensa que la ética ha quedado excesivamente
relegada y que el sistema social se ha escorado peligrosamente hacia el
descontrol.
Auditoría en general
He considerado oportuno hacer esta larga introducción al tema de
esta entrega, que no es otro que el de la línea actual que se está
marcando a la auditoría (informática, datos personales, calidad,
cuentas...) y disciplinas limítrofes (consultoría, asesoría...),
es decir, lo que se entiende por servicios profesionales. Los servicios
profesionales son pura globalización, y la auditoría de hoy
se empieza a concebir como general, o, si me apuran, total. Se tiende a
una auditoría de todo, a una auditoría global.
Este gremio/sector profesional resulta interesante porque se nos presenta
como una suerte o especie de laboratorio de la globalización. En
efecto, las entidades pertenecientes a este macrogremio tienden a la integración
de todos los servicios profesionales, tanto de funciones como de procesos,
en vertical y en horizontal, llegando a formar corporaciones transnacionales
con fórmulas jurídicas diversas, siguiendo conceptos de máxima
eficiencia/eficacia geográfica.
Esto de la auditoría, y dicho en román paladino, consiste
en detectar el modus operandi de la alquimia informática para
cubrir las necesidades de la ingeniería financiera,
de la contabilidad creativa y otras de índole similar o cercano,
y... después informar a los interesados.
El auditor en ejercicio en el mundo de la auditoría de hoy, es decir,
de la auditoría de la globalización, se convierte en un equipo
multidisciplinar, dirigido por un auditor jefe, generalista y capacitado
para entenderse con sus colaboradores, auditores o no, expertos en sus respectivas
y prolíficas especialidades. La de seguridad TIC es una de ellas,
y tan dinámica que está generando puntos de especialización
por entornos tecnológicos.
Evidentemente, también se detecta un cambio de puntos de vista en
la orientación del trabajo: se pasa de verificar que las cosas están
bien a buscar qué cosas están mal. Está claro: se reduce
el expectations gap. Como ejemplo de lo dicho pueden mencionarse -aquí,
en España, y siguiendo recomendaciones de la UE-, dos NTAs (ambas
con origen en dos NIAs de IFAC) publicadas por el ICAC y muy vinculadas
al sistema de información y a su entorno en las entidades afectadas,
es decir, las que cotizan en Wall Street (complejo SEC-NYSE): la 15-6-2000
sobre Errores e Irregularidades, y la 16-6-2000 sobre Incumplimiento de
Normas.
Sería muy adecuado unificar ambas (no es sólo opinión
de quien esto escribe, sino también de otros más sabios),
ya que ello clarificaría notablemente un asunto peliagudo en el que
se hace énfasis, además, en aspectos informáticos del
sistema de información, así como en la calificación
de errores, irregularidades e incumplimiento de normas en general (en su
amplio sentido legal y administrativo,...). Ciertamente, no se olvida el
principio de importancia relativa.
El incumplimiento de normas en general es un tema delicado, ya que, como
se ha comentado, afecta a muchos escenarios en una organización;
por ejemplo, al tratamiento de datos de carácter personal. Al respecto
tenemos en Europa una Directiva y en España una Ley orgánica
a ella adaptada, la LOPD, y un Reglamento de medidas, en el que, además,
se obliga a una auditoría periódica a partir del nivel medio.
A modo de reflexión final, puedo indicar que el origen de estas tendencias
dentro de la globalización obedece al crecimiento desmesurado y masivo
de pequeños ahorradores procedentes de multiples países, que
invierten en corporaciones transnacionales y necesitan protección.
Por otra parte, la separación entre propiedad y gestión, sumado
al incremento de tamaño de las grandes empresas con tendencia al
ámbito mundial, ha obligado a los poderes públicos, tanto
nacionales como supranacionales, a tomar medidas garantistas de un funcionamiento
adecuado en defensa de legítimos intereses. Veremos si se consigue. |