Un
debate recurrente en este mundo de la seguridad versa sobre la oportunidad
de divulgar urbi et orbi las vulnerabilidades de los programas
que corren en nuestras máquinas, y ello aunque tal revelación
pública se acompañe como hace el CERT o, para sus productos,
el Boletín de Seguridad de Microsoft del oportuno «parche»
corrector. Pero en realidad esta polémica transciende los errores
del software y su difusión, y en su enunciado más general
ocultismo frente a transparencia se engloban debates de gran
solera, como el que largo tiempo enfrentó a los defensores del público
conocimiento de los algoritmos criptográficos de uso en el mundo
civil, con los valedores a ultranza de su mantenimiento en secreto. Como
es sabido por los aficionados a la materia, la pugna quedó zanjada
el siglo XIX por el criptógrafo holandés, aunque afincado
en Francia, Kerckhoffs1: «La seguridad del cifrado debe
de residir, exclusivamente, en el secreto de la clave», aunque existan
nostálgicos que aún hoy sigan pregonando las excelencias del
secretismo.
A este respecto, son muy instructivos dos estudios de muy reciente publicación.
El primero, por orden de aparición, es el artículo Windows
of vulnerability: A case study analisys, aparecido en el pasado diciembre
en la prestigiosa revista Computer órgano de la Computer Society,
que como es comúnmente sabido es una de las sociedades del no menos
prestigioso IEEE. En dicho trabajo se muestra cómo las vulnerabilidades
ya corregidas (mediante los pertinentes «parches») constituyen
el objetivo principal de los intentos de intrusión, la mayoría
de los cuales concluyen, sorprendentemente, con éxito. Es más,
el mayor número de ataques se produce meses después de dadas
a conocer vulnerabilidades y sus correcciones.
El segundo estudio, más cercano en el tiempo, ha sido objeto de atención
días atrás por parte de diversos servicios de información
de eguridad, que se hacían eco del aviso2 del FBIs
National Infraestructure Protection Center (NIPC) acerca de recientes ataques
contra equipos de comercio electrónico y banca por Internet. En particular,
el Boletín de Seguridad de Microsoft, de ocho de marzo de 2001, lo
hacía en los siguientes términos: «Uno de los aspectos
más inquietantes de estos ataques es que virtualmente todos ellos
se realizan mediante vulnerabilidades conocidas, para las que están
disponibles parches desde hace meses o, en ocasiones, años».
Así pues, parece cierto que el conocimiento de una vulnerabilidad
(aunque acompañada de su parche) origina un importante incremento
de ataques a la misma, pero no existe duda alguna de que la comunidad mundial
de kackers, crackers y atacantes de todo pelaje tienen sus propios canales
y cualquier vulnerabilidad, más pronto que tarde, termina siendo
conocida por todos ellos. De modo que, puestas así las cosas, lo
mejor es el desarrollo rápido de soluciones a las debilidades del
software, su presta difusión e inmediata instalación por los
responsables de las redes. Naturalmente, siempre existirán algunos
de éstos que, sea por negligencia o por exceso de trabajo, no atenderán
a los avisos y pertinentes actualizaciones, manteniendo a sus sistemas en
permanente riesgo, hasta la instalación de una nueva versión
del producto ya con la corrección incorporada.
En conclusión, se puede aseverar que en esta incipiente sociedad
de la información, la mejor arma contra la variopinta caterva de
delincuentes informáticos es la información, y ello es lo
que pretende el libro que nos ocupa, de turbador título: HACKERS,
pero ilustrativo y ajustado subtítulo: Secretos y soluciones para
la seguridad de redes (traducción de Hacking Exposed: Network
Security Secrets and Solutions, McGraw-Hill, 1999), traducido y publicado
en 2000. Escrito por tres profesionales de la seguridad, empleados en una
multinacional de la consultoría, el manual tiene como público
objetivo los administradores de redes, aunque el nivel expositivo del mismo,
y su pormenorizada explicación, permite su lectura a cualquier usuario
avanzado.
Aunque en la introducción se puede hallar una frase provocadora:
«En este libro se proporcionan instrucciones sencillas y detalladas
de cómo introducirse subrepticiamente en redes informáticas»,
la realidad matiza sustancialmente la categórica afirmación
anterior, pues a la par que dichas instrucciones, también se proporcionan
contramedidas para fortificar el sistema, de modo que no se puede encontrar
en toda la obra una sola vulnerabilidad que no vaya acompañada a
renglón seguido de la (o las) contramedida oportuna.
Destacan sobremanera en la obra las abundantísimas fuentes de información
referenciadas en todos los capítulos (y muy singularmente en los
apéndices C y D), que constituyen una delicia para aquellos que deseen
profundizar aún más en los aspectos tratados. Igualmente es
de justicia destacar las numerosas imágenes de pantallas y tablas
que ayudan a sobrellevar la gran cantidad de información proporcionada.
La obra se estructura en torno a cuatro partes y seis apéndices.
En la primera de aquellas: Identificación del problema, se
estudian en tres capítulos los caminos, tortuosos e imaginativos
a menudo y siempre tediosos, que sigue el delincuente para tantear las posibles
vías de ataque al sistema elegido, así como la exploración
de éstas para averiguar las más fructíferas. Naturalmente,
acorde con los objetivos de la obra, ya desde esta parte se dan a conocer
los instrumentos de detección de estos escarceos y algunos consejos
para no dar pistas a los delincuentes, ilustrando esto con diversos casos
reales.
La segunda parte, Hacking del sistema, se consagra a la exposición
de los agujeros de seguridad que presentan los principales sistemas operativos,
más concretamente: Windows (9x y NT), Netware de Novell y Unix, dedicándose
un capítulo a cada uno de ellos. En estos capítulos se detallan
tanto los ataques remotos como los locales, los procedimientos usuales para
ir escalando privilegios, las técnicas comunes de ocultación
de los rastros da la agresión, los síntomas de ésta
y la estela que deja, aspectos estos dos últimos que permiten reaccionar
al administrador de la red.
En Hacking de la red, tercera parte del manual, se tratan las técnicas,
equipos y sistemas propios de las redes: VPN y acceso telefónico,
encaminadores, cortafuegos, etc., mostrando sus puntos débiles y
cómo se aprovechan de ellos los delincuentes. También se contemplan
en el último capítulo los ataques de negación de servicio,
DoS, aunque por la fecha de redacción de la edición inglesa,
1999, no se han incorporado los ataques de negación distribuida de
servicio, DDoS, popularizados en 2000. Como es norma, tras la habitual presentación
de debilidades, se muestran las contramedidas para contrarrestarlas o, al
menos, paliarlas.
Para concluir el tratado, en la parte cuarta: Hacking del software,
aparecen algunos problemas que no son encuadrables en las anteriores partes,
según la opinión muy discutible de los autores.
Estos problemas comprenden el acceso remoto a los sistemas (bendición
y al tiempo azote para los administradores, por las facilidades que les
ofrece de gestión a distancia y que son una delicia para los delincuentes),
los ataques al software: secuestro de sesión, troyanos, puertas traseras,
etc. y las vulnerabilidades de los servidores web. Las posibles intrusiones
aquí tratadas son las más sofisticadas y, al tiempo, las que
en el día de hoy más quebraderos de cabeza dan a los administradores.
En resumen, nos hallamos en presencia de un libro actual (aunque con la
cadencia de aparición de vulnerabilidades devendrá obsoleto
en poco), útil para los usuarios avanzados, e imprescindible para
los administradores de red, que carecían hasta su publicación
de un compendio de este calibre de vulnerabilidades, ataques y métodos
de defensa. A partir de ahora, cualquiera de estos profesionales debería
pensárselo mucho antes de achacar a la falta de información
o dificultad de encontrarla los fallos de seguridad de los sistemas
de los que se responsabilizan. |