Dos
son los focos sobre los que gravita actualmente la seguridad de los sistemas
de información: los datos personales e Internet. De ambos, el más
tratado en los manuales es el segundo, pues no casualmente una abrumadora
mayoría son editados en EE UU y escritos por autores de dicho país,
donde como es notorio el más extremo liberalismo se enseñorea
de los datos personales, hasta el punto de considerar que éstos son
propiedad de su depositario (que puede por consiguiente venderlos, cederlos,
intercambiarlos, etc.), y no de su legítimo dueño, que según
la escrupulosa doctrina europea es el individuo al que referencian. Sin
embargo, en Europa (y en general en aquellos países respetuosos con
los Derechos Humanos), la doctrina es la antagónica, y ello ha comportado
la aprobación de varias Directivas singularmente la 95/45
que contemplan los datos personales como un bien jurídico a proteger.
Estas Directivas, una vez transpuestas, están originando una rica
doctrina legal que se traduce en la obligación de adoptar nuevas
y cada vez más depuradas medidas específicas de seguridad
para salvaguardar dicho bien.
Todo lo último conlleva la publicación de libros versados
sobre el tema, bien es verdad que más contemplado desde el punto
de vista legal que el técnico, aunque algunos los menos
abarquen ambos aspectos ciertamente complementarios. Pues bien, éste
el caso de la obra que nos ocupa hoy, de expresivo y acotado título,
La seguridad de los datos de carácter personal, editado en el
presente año por Díaz de Santos e IEE. Sus autores, Emilio
de Peso y Miguel Ángel Ramos, son dos conspicuos profesionales cuyo
prestigio en la materia les viene de una práctica impecable de todas
facetas de la seguridad. De esta manera, a sus labores como consultores
en este campo unen su infatigable vocación formativa y divulgadora,
manifestada tanto en la continua organización y participación
en numerosos foros sobre el tema, como en su prolífica actividad
literaria plasmada en un buen puñado de libros. Si a todo esto añadimos
su formación en los dos campos que conforman esta materia: el legal
y el técnico (el primero de los autores es Ldo. en Derecho y en Informática
y el segundo Dr. en Informática) se impone esperar, ya a priori,
lo mejor del libro que reseñamos.
La obra se estructura en tres partes desglosadas en un total de dieciséis
capítulos más dos anexos, que recogen el R.D. 994/99
de 11 de junio sobre Medidas de seguridad de ficheros de datos personales
y la Instrucción 1/2000 de la APD relativa a movimientos internacionales
de datos. Los capítulos están escritos con un estilo claro,
directo y conciso lo que redunda en su amena lectura y fácil comprensión,
a lo que también contribuye la ajustada extensión de sus capítulos
pocos rebasan las 10 páginas, y su carácter eminentemente
práctico. Por último, las cuestiones, que a modo de epílogo,
rematan todos los capítulos, permiten una reflexión y consolidación
de las ideas expuestas.
La primera parte, de título Generalidades, se articula en
siete capítulos en los que se estudian los principales aspectos de
la administración de la seguridad. Así, tras un primero,
La seguridad de la información, dedicado a presentar las diferentes
facetas que conforman la disciplina (física, lógica, de los
datos, de las aplicaciones, etc.), el segundo, La clasificación
de la información, esboza los principios que deben presidir esta
clasificación, por un lado según su sensibilidad frente a
la difusión, modificación o destrucción (o lo que es
igual cara a su onfidencialidad, integridad o disponibilidad) y por otro
según la categoría (el compartimento si empleásemos
la terminología de los modelos de seguridad multinivel) a la que
pertenecen estos datos. El tercer capítulo se detiene en el documento
más importante de cuantos cimientan la protección: Los
planes de seguridad, exponiendo los requisitos previos a su construcción,
las líneas y objetivos que lo deben guiar y los proyectos a los que
debe dar lugar, casi todos los cuales se tratan monográficamente
en los capítulos siguientes. A continuación, Las políticas
de seguridad, justifica la trascendencia de éstas (presentando
valiosas ideas para aquellos que deban defenderlas ante los directivos sus
empresas), instruyendo acerca de su elaboración, estructura y contenido.
A continuación, Los planes de contingencia (el de tratamiento
más amplio, con casi veinte páginas), pormenoriza una metodología
de desarrollo, detallando su contenido, las funciones de los actores en
caso de incidente, las herramientas a emplear y, en general, todos los aspectos
a tener en cuenta durante su diseño, puesta en marcha y mantenimiento.
El capítulo sexto, sin duda el más novedoso de esta primera
parte, Los acuerdos de nivel de servicio como control de calidad,
incide en la íntima relación entre calidad y seguridad, exponiendo
sus ventajas, el cuerpo de tales acuerdos, los tipos de servicios y sus
métricas, etc. Finalmente, en La auditoría de seguridad
se trata magistralmente (lo que era de suponer, dado el prestigio y experiencia
del segundo de los autores en esta disciplina) todas las facetas de la materia:
perfil del auditor, fases de la realización metodologías,
técnicas y herramientas, consideraciones a tener en cuenta ante su
contratación externa y las relaciones siempre difíciles entre
auditores y administradores.
En resumen, una magnifica exposición de esa dimensión de la
seguridad que denominamos administración (otros prefieren gestión),
a la que sólo se la pueden discutir el orden de un par de capítulos
(¿cuál es la razón de no haber situado a la clasificación
tras los planes de la seguridad? ¿por qué no preceden las
políticas a los planes, cuando metodológicamente éstos
deben ser consecuencia de aquellas?), o el haber pasado por alto (hubiese
merecido un capítulo) la gestión de incidentes, expresamente
recogida en el Reglamento.
La segunda parte, La protección de los datos de carácter
personal, contempla la dimensión legal de la seguridad, pero,
acertadamente, en vez de centrarse en la manida Ley 15/99 planea sobre otros
aspectos menos recogidos en los textos. Así ocurre en el capítulo
ocho: La transferencia internacional de información y el concepto
de puerto seguro, donde tras los antecedentes legales de estas transferencias
y la Instrucción 1/2000 de la APD, trata ampliamente los principios
del puerto seguro (safe harbour), ese trágala (según los más)
que EE UU impuso a la UE para que ésta aceptara los movimientos de
datos a un país el citado sin regulación ni
intención de tenerla en esta materia. El siguiente: La problemática
de la seguridad en las diferentes norma sobre protección de datos,
bosqueja diferentes disposiciones de ámbito legal que confluyen en
la protección de estos datos (directivas, Schengen, Estatuto e Instrucciones
de la APD, etc.), para seguidamente, capítulo diez: La protección
de datos en las telecomunicaciones, enfocar el tratamiento de los datos
personales en los textos legales sobre las telecomunicaciones (directiva
97/ 66, Ley 11/98 General de Telecomunicaciones y el RD 1736/98). Por último,
esta parte concluye con un útil Vocabulario jurídico,
capítulo once, objetable en tanto en cuanto algunos de sus términos
se repitenaunque con acepción diferente en el capítulo
siguiente, donde se definen los considerados en el Reglamento. Para concluir,
la tercera parte de la obra: El Reglamento de medidas de seguridad de
los ficheros automatizados que contengan datos de carácter personal,
incide sobre este Reglamento, dedicando, tras un capítulo de aspectos
generales, cada uno de sus tres últimos a los tres tipos de medidas
de seguridad: básico, medio y alto, que prescribe el RD 994/99 que
aprueba el citado Reglamento. Es ciertamente la parte menos original del
libro, pero no por ello menos necesaria, pues el Reglamento es el punto
de encuentro en el que confluyen las medidas legales vistas en la
segunda parte y las de gestión contempladas en la primera,
y por tanto justo colofón al libro. En síntesis, una obra
que no defraudará y pasará a formar parte de lo que algunos
denominan «fondo» de biblioteca de sus compradores. |