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Lejos de
mi ánimo llevar ahora el desasosiego a la mente del tecnólogo
gestor que, solo o en compañía de sus consultores de cabecera
de cama, ya tiene tomada la decisión de comprar o desarrollar,
deslumbrado por las características y prestaciones de tal o cual
producto o sistema, de entre los muchos que pueblan las páginas
de esta magnífica revista, siguiendo, claro está, el plan
que le aprobaron (con recortes) en el otoño pasado.
Desde un punto de vista meramente económico, sorprende lo extremadamente
sencillo que resulta discernir si finalmente sería mejor invertir
que externalizar. En la red hay ya profusa documentación al respecto
(pasen y vean http://www.outsourcing-center.com/) y como anécdota
diré que de entre los viejos libros de mi estantería acabo
de recuperar un manual del Instituto de la Media y Pequeña Empresa
Industrial, titulado La decisión de invertir. Ya en
la portada, su índice acusador nos señala e inquieta: I)
Las inversiones como oportunidades y amenazas. II) Cómo invertir
bien: análisis y selección de inversiones. III) Conceptos
y técnicas para la evaluación y IV) El calendario de la
decisión.
Un momento, ...¿una inversión puede convertirse en una amenaza?
Pues claro. Una inversión mal hecha, además de debilitar
la posición financiera y suponer un coste de oportunidad para la
organización, puede dar con los huesos del gestor en la calle,
cuando sus jefes son gente capaz. Como evidentemente no está Vd.
en la calle, querido lector, hemos de inferir que hasta ahora, sus decisiones
inversoras han sido las correctas, dado que sus jefes son gente capaz...¿no?.
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Toda inversión lleva aparejado un coste de propiedad embebido dentro
de un concepto más amplio de rentabilidad caracterizado por su VAN,
TIR, ROI, ICB, etc, calculados en base a un determinado horizonte temporal
con amplitud inversamente proporcional al avance tecnológico. Traducción
de lo anterior: anterior: los tamagochis (que me perdonen en
la RAE) de seguridad son caros y envejecen rápido, y por si fuera
poco el personal que los entiende cobra caro y no trabaja los fines de semana.
Estadísticamente, el mayor número de ataques se produce durante
los fines de semana, y la voz de alarma, también estadísticamente,
se da (¿?) los lunes.
Vale, ya sé cuál es el precio/año (por usuario, por
servidor, por oficina, por-lo-que-yo-quiera, etc) del servicio interno de
seguridad, ese que presto utilizando el producto o el desarrollo que he
comprado, ...pero ¿y la calidad? Tampoco es difícil de medir,
si dispongo de buenos indicadores (objetivos o subjetivos) integrados o
no en el ciclo de vida de desarrollo de los sistemas y los procesos de negocio
que soportan. Y permítame el lector no abrir aquí el melón
del sobredimensionado o infradimensionado (eficiencia) de la producción
o caja de operaciones que la empresa nos ha encomendado, y demos
por bueno que tengo perfectamente aquilatados los servicios de seguridad
y su calidad a las necesidades reales de mi negocio.
Externalizaré si la calidad/precio del servicio ofertado externamente
supera al calculado, según acabamos de ver. El proceso de externalizar,
una vez tomada la decisión, puede hacerse de forma gradual, atravesando
distintas modalidades de contratación de los servicios, según
se vayan confirmando (o desmintiendo) las hipótesis iniciales sobre
la relación calidad/precio de los servicios contratados.
La relación calidad/precio de los servicios a contratar dependerá,
a su vez, de la madurez del mercado al que acudimos, que deberá ofrecer
amplitud suficiente en cuanto a competidores con estabilidad financiera
a medio y largo plazo, profundidad en la gama de servicios con especialización
de personal y de plataformas, flexibilidad para la adaptación a necesidades
emergentes de los clientes y transparencia en la gestión. Todos estamos
convencidos de que algún día el mercado español de
servicios de seguridad, reunirá todas estas características.
Pero si, no obstante, los números cantan y nos lo ponen feo, nos
asaltará un miedo atávico: ¿A qué me dedicaré
yo cuando externalice mis operaciones y mis máquinas? Aflorará
rápidamente el otro gran conjunto de argumentos, aquellos llamados
estratégicos, para justificar la inversión que
se desea perpetrar. Convendremos que todo lo que se adereza con el epíteto
estratégico desprende cierto tufo a deficitario
o cuando menos, discutible. Con esta advertencia, querido lector, saldremos
pues de las claridades de la matemática económica para introducirnos
en las oscuridades de las razones estratégicas, como siempre, opinables.
Realmente, hoy, la forma de gestionar la seguridad de los sistemas de información,...
¿genera ventaja competitiva? Lo que está claro es que una
mala gestión de la seguridad generará, tarde o temprano, desventaja
competitiva. Pero en condiciones normales, bajo una gestión razonable
(cumpliendo las regulaciones y recomendaciones de organismos oficiales y
privados) todos terminamos comprando los mismos productos y haciendo desarrollos
parecidos, con lo que nuestros ratios de gestión van a estar muy
próximos. En otras palabras: el responsable de seguridad puede llegar
a salvar a su empresa de un desastre, pero difícilmente le reconocerán
como padre de sus éxitos.
Por otro lado, está el mito del yo nunca pondré mis
datos de negocio en manos de..., (cuando me lo dicen, ya creo estar
viendo esas manos chorreantes de sangre en la escena del crimen). Un amigo
empresario me dijo una vez que prefería un buen SLA a una plantilla
conflictiva. Por otra parte, resulta difícil controlar los flujos
de información del negocio para garantizar taxativamente que en todo
instante sólo acceden un grupo restringido y de personal propio.
¿Qué empresa no tiene ya personal subcontratado en tareas
de desarrollo o explotación de sistemas? ¿Qué me dicen
del personal de los fabricantes que trabaja codo con codo con nuestra gente
en nuestros CPDs? ¿Con qué privilegios acceden a los sistemas?.
En resumen, ni los accionistas tienen por qué satisfacer los más
bajos instintos de nuestro ego tecnológico, ni nosotros debemos convertirnos
sólo en guardianes de SLAs. Invierta o externalice, en todo o en
parte, pero por favor, medítelo antes. |